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La parroquia de Santa Maria, como la mayoría de parroquias en las que desde tiempo inmemorial se estructuró la presencia de la Iglesia en occidente, se esfuerza por cumplir su función en el seno de la hoy pujante ciudad de Barberá del Vallés.
Nacida entorno de su antigua iglesia románica construida sobre vetustos cimientos religiosos anteriores y que fue eje de un entorno de masías y cultivos de no excesiva importancia histórica y vinculada al muy próximo monasterio de Sant Cugat del Vallès, experimentó con el tiempo un desplazamiento poblacional que fue alejándose de la depresión del rio Ripoll y de su pequeña iglesia erigida al borde (a 800 mt). Un pequeño y rústico entramado de calles fue formándose a uno de los lados del camino real que unía Barcelona con Sabadell y Terrassa, conformando el todavía hoy llamado “casco antiguo” en el que nunca destacó edificio alguno por su especial importancia o singularidad. En el año 1950 empezó a construirse el nuevo templo justo al otro lado del camino en un amplio llano formado entonces por viñedos y campos de cultivo y que posteriormente supuso el ensanche de la población. Surgió además una amplia zona de torres de segunda residencia de gentes venidas de Barcelona y favorecida por el primer apeadero y después estación con parada fija de la línea férrea de Barcelona-Manresa.
La iglesia construida en un vago estilo neo-renacentista sigue siendo el único centro religioso cristiano-católico de la población en la cual y ya más recientemente, han hecho acto de presencia otras confesiones religiosas de diversa índole que ofrecen en su conjunto una variada animación espiritual.
Cuenta con amplios locales de catequesis, formación y oferta cultural, esplai para niños y adolescentes y servicios asistenciales en los que se desarrollan las actividades más básicas de una institución al uso tradicional.
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