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Cualquier institución eclesial faltaría al deber de solidaridad expresado especialmente en el cap. 25 del evangelio de san Mateo si no tuviera en su horizonte la protección y ayuda de los necesitados en sus distintas variantes de carencia.
Ambas comunidades parroquiales están dotadas de servicio de ropero y rastrillo general de menaje y enseres variados, así como de Ayuda Fraterna (distribución semanal de alimentos y de ayudas concretas, procedentes de donaciones personales, operaciones kilo mensuales, almacenes varios y Banco de Alimentos ) contando con furgón parroquial y un servicio de voluntariado que atiende los casos de necesidad –supervisados previamente por los servicios municipales de asistencia social-.
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